Vogts, hijo del futbol

Hans Hubert "Berti" Vogts es hijo del futbol. Lleva 57 años ligado al juego. Nació el 30 de diciembre de 1946, en una pequeña aldea llamada Büttgen. En 1954 empezó a jugar con el equipo del pueblo hasta que se lo llevaron a la Bundesliga. A los once años perdió a su madre; seis meses después murió su padre y quedó totalmente huérfano. El futbol vino a compensar su tragedia. Cuando llegó al Borussia Mönchengladbach estaba listo para escribir, ahí, todas sus páginas como futbolista profesional. Jugó 419 partidos, ganó cinco veces la Bundesliga. Una copa de Alemania. Levantó dos Copas de la UEFA. También fue seleccionado nacional campeón de Europa en 1972 y del mundo en 1974.

Le decían el Terrier. Una precisa analogía con las características de los perros de esta raza. Pequeño de estatura, decidido, enérgico e inquieto. Johan Cruyff fue su presa mayor. En el mundial de Alemania 1974, Berti Vogts lo nulificó. En los primeros instantes del juego lo acosó de tal manera que se marcó el primer penal en la historia de las finales en copas del mundo. Holanda se puso en ventaja pronto, pero el Terrier tuvo entre su fauces al genio de esa Naranja Mecánica que terminó exprimida por los astutos alemanes.

El hijo del futbol era querido por todos en casa y se convirtió en un personaje recurrente, de la radio y la televisión, que cantaba sin pudor en horarios estelares.

Un autogol en el mundial de 1978 contra Austria le marcó sus tiempos. Se retiró al año siguiente para ser entrenador. Tras diez años de aprendizajes, se convirtió en el mayor de los discípulos de Beckenbauer y cuando el Káiser pasó la estafeta, Vogts fue el heredero. Sus números fueron positivos: 67 victorias, 23 empates y 12 derrotas. Pero no suficientes para el monto de la herencia. Ganó la Euro de 1996 y nada más. Fue despedido tras el mundial de 1998, cuando después de sufrir con México en los octavos de final, acabaron masacrados por Croacia en la siguiente etapa. Paró dos años, intentó dirigir sin éxito al Bayer Leverkusen, y acabó trazando una exótica y accidentada ruta que empezó en Kuwait, pasó por Escocia, en donde es persona non grata; luego en Nigeria y ahora en Azerbaiyán.

Berti Vogts ha llegado a los míticos 64 años, la edad que alguna vez los Beatles marcaron como el punto de arranque de la vejez. En esta etapa de la vida se antoja un corte de caja para sacar los balances que acabarán sosteniendo los intereses de la memoria. Como entrenador no ha podido forjar buen recuerdo, aunque su instinto lo haga ser obstinado. Del Terrier hoy quedan fotos inmortales y el recuerdo eterno que debe guardar el propio Johan Cruyff.

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Archundia: El árbitro de la mesura

Futbol en la Tierra de Nadie

Aquella Navidad de 1914 se jugó al futbol en la tierra de nadie, en ese pedazo de terreno que separaba a las trincheras alemanas de las británicas, en el Frente Oeste de la Primera Guerra Mundial. Entre lo absurdo de la hostilidad, el balón vino a ser una simple metáfora que puso en evidencia lo atroz de la matanza más grande en la historia de la humanidad.

En la víspera del 25 de diciembre, el fuego cesó sin ninguna orden suprema. Los alemanes decoraron sus trincheras y cantaron Stille Nacht. Los británicos respondieron a los cantos en su idioma. Aquello en alemán significaba Silent Night en inglés; Noche de Paz, en español. El hecho es que se selló una tregua fugaz entre los enemigos. Y ahí en la tierra de nadie, compartieron cigarros, recuerdos, sonrisas y un buen trago de whisky. Estaban en un llano de Bélgica, en Ypres y se dice que la tregua se propagó hacia otras trincheras en donde se hizo lo mismo. Desde luego que hay muchas historias. Una gran parte alimentadas por la inquieta imaginación que buscó consuelo en la fantasía. Varias hablan de partidos de futbol entre los bandos porque es un hecho que tras el balón no se puede, ni se debe correr armado. Por eso la metáfora cobró tanta fuerza.

Muchos años más tarde, previo a la Euro 1996, la banda inglesa The Farm inmortalizó aquel instante del pasado en la canción All together now , que es también ya un himno futbolero. Pero volvamos a la tierra de nadie. Muchos soldados escribieron a casa y relataron los detalles de la tregua. Alguien dice que rodó un balón de la nada. Otro contó que jugaron más de media hora. Muchos nunca olvidaron que alemanes y británicos disputaron ese hermoso partido de Navidad que puso en jaque los sentimientos bélicos.

La FIFA tiene registrado que Alemania e Inglaterra se enfrentaron por primera vez en 1930, pero en aquel espacio entre las trincheras lo hicieron 16 años antes. Por cierto, esa vez ganaron los germanos tres goles a dos sin que nadie haya desmentido jamás el resultado. Más allá del futbol, los enemigos se habían familiarizado. Y los altos mandos, enfurecidos por la osadía de sus tropas, juraron romper con cuanta tregua se impusiera a punta de cañón. Pero aquella Navidad de 1914 los hombres se dejaron de matar unos a otros y aunque sea sólo por una noche, los símbolos de la camaradería ratificaron su universalidad: una buena charla, un buen trago, mucha nostalgia y un simple juego de pelota fundieron en abrazos a las tropas enemigas que, tal vez, al otro día volverían a la guerra.

Streltsov: El Pelé Ruso

El 9 de diciembre se cumplieron 19 años de la desintegración de la Unión Soviética. La historia del futbol soviético tiene miles de capítulos. Su solo recuerdo invoca mitos y realidades que bien servirían para hacer un best seller. Los nombres de Yashin, de Blokhin, de Dasaev, sirvieron para la tediosa propaganda política. Pero hay un personaje maldito, al que se le ha confinado a los rincones menos iluminados de la historia que los propios soviéticos se encargaron de escribir. Tal vez, con un destino diferente, en el mundial de 1958, Pelé hubiera sido opacado por el Pelé Ruso, Eduard Streltsov.

La historia de Streltsov va de la mano con los momentos más cruentos de la Unión Soviética. Nació en los suburbios de Moscú el 21 de julio de 1937. Su padre, un militar de primera línea, acabó aniquilado en la segunda guerra mundial. La niñez la pasó en Kiev, Ucrania, y encontró en el balón la única luz de sus grises días.

En la fábrica donde su madre trabajaba detectaron el talento del muchacho y a los 16 años, el Torpedo de Moscú se apoderó de él para siempre. A los 18 años ya se había coronado como campeón de goleo y a los 19 se colgó una medalla de oro olímpica con su selección. El joven Streltsov nunca fue un ruso de hielo. Era bohemio, era libre, era un personaje incómodo para un sistema totalitario en donde hasta su peinado levantaba las sospechas de los camaradas del politburó. Pero el futbol soviético iba en ascenso. Aquella generación levantó grandes expectativas cuando obtuvo su calificación al Mundial de 1958.

En aquellos tiempos, el sistema de rivalidades soviético estaba marcado por los sectores obreros de la nación. El Torpedo de Moscú, equipo que representaba a la industria automovilística, tenía entre sus filas al más grande futbolista visto hasta entonces en la Unión Soviética. El CSKA, relacionado con el ejército rojo, y el Dynamo de Moscú, favorito de la KGB, solicitaron a las altas esferas la transferencia del virtuoso camarada, pero este se negó. Ni siquiera Lev Yashin fue capaz de hacerlo recapacitar.

Su indisciplina, tarde o temprano, le daría la lección de su vida. Lo acusaron de haber participado, con otras dos personas, en una violación contra una joven de 20 años. Él firmó su propia confesión. Después se supo que le habían prometido una solución que nunca llegó. Streltsov pasó siete largos años en la temida GULAG de Siberia, ahí aprendió el arte del silencio. Confinado en ese campo de concentración, los soviéticos fueron a dos mundiales y se coronaron campeones de Europa.

Los hubieras son crueles con estos personajes. Le pusieron el Pelé Ruso. Dicen que en 1958, dos selecciones llegaban mermadas a la copa del mundo. Los ingleses tras perder a sus jugadores en el trágico accidente del Manchester United y los soviéticos al no contar con Streltsov, aquel hombre alto, delantero potente, dotado de un primer toque fino y una inteligencia futbolística extraordinaria.

Siberia lo hizo callar sobre aquel asunto, pero regresó a las canchas con el Torpedo. Volvió a ser campeón, volvió a anotar goles, tantos que, a pesar de sus siete años de encierro, es el cuarto máximo anotador en la historia del futbol soviético.

Se retiró en 1970. Quiso ser entrenador. Y pasó el tiempo. Murió de cáncer a un día de cumplir los 53 años, el 22 de julio de 1990, un año y cinco meses antes de la desintegración de la Unión Soviética.

A las afueras del estadio que lleva su nombre y en donde juega el Torpedo de Moscú está una estatua de bronce en su honor. En el 2018 el mundial se jugará en Rusia, ojalá que para ese entonces los fieles al futbol le lleven flores y lo recuerden por siempre.

Podcast

La pasión según Pablo


Era una muerte anunciada
desde que ganó la cima,
puso el mundo de cabeza
el zar de la cocaína
pero cayó en Medellín,
don Pablo Escobar Gaviria...
Fragmento de Muerte Anunciada (Los Tigres del Norte).
Aquel dos de diciembre de 1993 murió “El Patrón”. Un personaje cuya vida estremece y sacude las formas. Sanguinario, poderoso, inmisericorde por un lado. Benefactor, visionario y astuto por el otro.
Escobar utilizó al futbol para lavar parte de sus millones de dólares, pero este hombre necesitaba darle causas a sus delitos y con dinero detonó el desarrollo del futbol colombiano a finales de los ochentas.
El narcotraficante fue dueño de los dos equipos profesionales de Medellín, pero sus colores fueron los del Atlético Nacional. Esto generó un sistema de rivalidades entre los clubes colombianos cuando otros capos también le entraron al negocio y saciaron sus pasiones por el juego, apostando, más allá de los billetes, el honor y el orgullo de sus incontenibles egos. Si “El Señor” mandaba en Medellín, José Gonzalo Rodríguez Gacha, alias “El Mexicano”, tenía a los Millonarios de Bogotá y los Rodríguez, líderes del Cartel de Cali, manejaban al América.
El 31 de mayo de 1989, el Atlético Nacional de Medellín se convirtió en el primer equipo colombiano que conquistaba la Copa Libertadores de América.
Los Capos estaban tan metidos en su propia pasión que la tragedia empezaba a gestarse. Si a Pablo Escobar debía cinco mil vidas, una de estas se registró el 15 de noviembre de 1989. Cuando un resultado afectó sus intereses en un partido de futbol (un empate entre América y Medellín), el capo mando matar al árbitro Álvaro Ortega. Ese día se suspendió el torneo colombiano y no hubo campeón. Justo por esas fechas la selección Colombia se encaminaba a una hazaña. Volver a una copa del mundo tras 28 años de ausencia. Italia 90 puso a soñar a los colombianos. Y el Pibe Valderrama se consolidó como ídolo máximo. La mitad de aquella selección provenía del Atlético Nacional de Medellín así como también el técnico, Francisco "Pacho" Maturana.
Pero los problemas sociales no pueden ser ajenos al futbol y el narcotráfico lo toca todo, como si fuera un pulpo. En 1991, Pablo Escobar se entregó voluntariamente cuando le prometieron que no lo extraditarían a los Estados Unidos. Él mismo adaptó su cárcel, llamada La Catedral, que contaba con una pequeña cancha de tierra para jugar al futbol. En una ocasión, para celebrar a la patrona de los Reclusos, la Virgen de las Mercedes, las estrellas del futbol de Medellín jugaron una cáscara con él, quien siempre alineaba de delantero. René Higuita fue señalado, entonces, como uno de sus amigos. Esto le costó al arquero su lugar en la selección que acudiría a la copa del mundo de 1994.
Para ese entonces el futbol era un sólido factor de identidad de los colombianos que vivían en una cínica tolerancia provocada por los amos de la droga y los inmóviles gobernantes. El presidente César Gaviria se apoderó de esta pasión para limpiar el nombre del país ante el mundo. Fue cuando se gestó una traición para derrocar al capo de capos, quien escapó de su cárcel para esconderse durante los 16 meses que duró su cacería. Oculto y acorralado pudo seguir, a través de un radio de bolsillo, la vez en que Colombia derrotó a Argentina, cinco a cero, en el Monumental de River. Cuenta uno de sus lugartenientes que el futbol lo tranquilizaba. Un par de meses más tarde, sería acribillado en algún tejado de su querido Medellín.
Muerto el Capo, Colombia se convulsionó y aunque la selección era de los pocos símbolos de esperanza que se mantenían, algo impredecible pasó y el Mundial de 1994 fue de pesadilla. Dicen que aquella época de oro del futbol colombiano empezó a morir aquel 2 de diciembre de 1993. Una muerte anunciada porque al final de las cuentas, el narcotráfico extermina lo que toca.

Un borracho que jugaba como los ángeles


Una foto de George Best es, quizás, la última lección que la vida pudo darle; está tendido en una cama, entubado, resignado a morir y pidiendo que la prensa despliegue en sus titulares el último sentir del chico de Belfast: No muera como yo…
¿Cómo recordar a George Best a cinco años de su predecible final? ¿Qué significado tiene su paradójica vida?
Esta historia es cruda, es la de un borracho que jugaba al futbol como los ángeles. Un héroe, un modelo de la juventud de los sesentas, un mito, una leyenda, un referente. El chico rebelde irlandés que vio la vida con las distorsiones del fondo de las botellas y los vasos vacíos que deja el alcoholismo, siempre compatible con todas las actividades del ser humano.
El futbolista bendecido con la naturalidad del gol fue la inspiración de muchos que muy probablemente dejaron que Best saciara lo nunca hubieron podido atiborrar por sí mismos.
Mujeres, autos y alcohol, los deseos prohibidos, en lo moral y lo económico, por el mundo común y corriente. El futbol, el juego del hombre que es inspiración para aquellos que han optado por identificarse con los jugadores que les comparten la gloria. Ese fue el mundo de Georgie Best.
Pero qué guarda la historia sobre Best el futbolista. Nos dice que nació el 22 de mayo de 1946. Que lo descubrieron Matt Busby y Bob Bishop. Que debutó a los 17 años. Que tuvo 37 partidos internacionales con su selección y nunca pudo asistir a un mundial. Que jugó en Inglaterra, en las dos Irlandas, en Escocia, en Sudáfrica, en Estados Unidos y en Hong Kong. Que se consagró con el Manchester United cuando un gol suyo les dio su primera orejona y fue entrañablemente querido en el Fulham. Que jugó más de 700 partidos en su vida profesional y anotó más de 250 goles.
Su historia, la personal, nos relata que fue el mayor de seis hermanos. Que fue un niño con méritos académicos. Que jugaba al rugby pero se inclinó por el futbol para rebelarse a su padre. Que su madre murió a los 55 años por problemas de alcoholismo. Que se casó dos veces. Que tuvo un hijo legítimo llamado Calum. Que pasó las Navidades del 84 en la cárcel por conducir ebrio y agredir a un policía. Que le tuvieron que hacer un transplante de hígado cuando destruyó el suyo.
Muchos dicen que la vida de Best fue un sueño truncado, pero su sueño le duró mucho tiempo. Jugó casi 20 años y aunque los críticos coinciden en que brilló con plenitud sólo tres años. Pelé, Cruyff y Maradona están de acuerdo en que en esos momentos fue el mejor del mundo. Después sólo fue un futbolista de destellos, con un gran capital instalado en la memoria de todos. Por eso la FIFA lo considera uno de los 100 mejores de la historia.
Sus frases lo definen. El quinto Beattle dijo que si hubiese nacido feo, no habríamos oído hablar de Pelé; que en 1969 dejó las mujeres y la bebida y que fueron los peores veinte minutos de su vida; o que había gastado mucho dinero en mujeres, alcohol y automóviles y que el resto de su fortuna lo había despilfarrado. Su discurso nunca llegó a más.
Murió el 25 de noviembre de 2005. El día de su funeral, el cielo lloraba por su ángel caído. Treinta mil personas le dieron el último adiós.
Best fue una celebridad mediática, un hombre con una enfermedad incurable, un personaje de contracultura, un símbolo sexual, y vivirá eternamente en la historia del futbol. Logró lo que quiso, porque si bien es cierto que clamó en sus últimos instantes: no muera como yo, nunca advirtió un contundente no viva como yo.
Próximo jueves 25 de noviembre en El otro lado del balón (radio Estadio W, 18:00 horas en El Laberinto).

El Gran Danés


Esta canción danesa fue la ganadora del festival de Eurovisión de 1963, el año en que nació el gigante de esta historia. Casualmente, esta música evolucionaría para formar parte de la banda sonora del videojuego autorizado por FIFA, en su edición 2007.
Su letra pide a un ser querido que vuelva mientras describe un instante danés en donde la vida comienza extendiéndose como una red en la mente. Muchas coincidencias entre la música, el futuro y el hombre que nacería en Gladsaxe, Dinamarca, un 18 de noviembre de 1963.
Hablar del Gran Danés es hablar de los dioses del marco. Él y el ruso Lev Yashin son los grandes porteros del siglo XX y los dos mejores de la historia del futbol. Describir el juego de Peter Schmeichel es decir que arriesgaba todo. Que volaba tres metros para detener un balón que viajaba a casi 100 kilómetros por hora desde los once pasos. Por arriba, impecable; por abajo temerario y seguro. De frente intimidante para los atacantes y hasta para sus líneas defensoras. Un portero clásico, de molde patentado. Con genes polacos y daneses. Rubio. De un metro 93 centímetros pero con reflejos tan precisos que su agilidad era causa de sorpresa en un mundo que empezaba a perder la capacidad de asombro.
Debutó en 1984 y se forjó en la liga danesa. Fue elevado a héroe nacional y campeón de Europa con su selección en 1992. Se volvió ídolo en el Manchester United, donde jugó ocho temporadas, 398 partidos para ser exactos. En 1994, para anotarle a Schmeichel, los cronómetros envejecían condenados al hastío. Entre gol y gol llegaban a pasar mil minutos de intervalo. Dejó a los Diablos Rojos con una despedida inolvidable cuando conquistó el legendario trébol de 1999: la liga, la copa FA y la Copa de Europa, esta última en un dramático partido definido en el último minuto. Después se fue con el Sporting de Lisboa, volvió a la isla del futbol con el Aston Villa y se retiró con el Manchester City cuando se dio cuenta en carne propia que las nuevas generaciones lo habían alcanzado. Su hijo Kasper estaba listo para tomar la estafeta y continuar con la tradición de la familia.
El Gran Danés cambió su forma de vida y hoy en día es un hombre que se divierte y comunica. Participó en concursos de baile de la BBC de Londres.
También aparece y canta en comerciales de su país.
Y fue el conductor de un programa de Discovery Channel sobre trabajos sucios, escuchemos un fragmento en donde nos relata como es la reproducción de cerdos.
Por supuesto que es comentarista de partidos de futbol y promotor de buenas causas, como la lucha contra el cáncer de mama en Dinamarca. Peter Schmeichel es la leyenda viva más importante de los guardianes de las redes y este 18 de noviembre celebra su cumpleaños.

El triunfo no pensado

El día en que América descubrió a Cristóbal

Dice que no tiene el perfil para dirigir al América, el equipo al que le consagró 25 años de su vida. Cristóbal Ortega es un símbolo americanista que parece que siente los colores con una mesura impasible. Nunca soñó con ser futbolista y acabó jugando dos décadas. Su nombre está siempre presente como uno de los referentes históricos pero él vive a distancia construyendo su propio destino. Es tan práctico como lo era cuando jugaba de volante de contención.

En cada uno de los 711 partidos que jugó asumió todos los riesgos y sumó su parte cuando el equipo fue una máquina ganadora de títulos. Asegura que no le faltó nada, que no se guardó nada. Nunca portó otra camiseta más que la del América y con su número 7 marcó un estilo propio de jugar la contención.

Cristóbal supo lo importante que es el americanismo para el América. El americanismo está formado por toda aquella persona que recibe el mensaje de los once jugadores y lo hace suyo. Es una simple fórmula de comunicación que si se rompe, destruye la comunión.

Ortega fue un incansable. Estuvo presente en seis de los 10 títulos que guardan la vitrinas americanistas. Se retiró con honestidad y pasó el capítulo con madurez. El día en que América descubrió a Cristóbal se escribió una historia que nunca debe olvidar ningún americanista, sería como negar sus propias convicciones.

Este jueves 21 de octubre, una entrevista con Cristóbal Ortega. Futbol en Serio. Punto. TDN 21:00 horas.

El hijo 27 de la madre tierra

La montaña lo devoró y lo tuvo en sus entrañas durante 69 días. Su historia personal nos dice que se llama Franklin Erasmo Lobos Ramírez, un centrocampista contemporáneo, compañero y amigo de Iván Zamorano. Activo de 1980 hasta 1995. Campeón nacional de la segunda división chilena con el Cobresal y poseedor de un disparo fino, preciso y fulminante. La madre tierra parió 33 veces. Su hijo número 27 es "El Mortero Mágico" a quién le espera su familia, el mundo entero y un balón.

Este jueves 14 de octubre presento esta historia en Futbol en serio. Punto. TDN, 21:00 horas.

Así de cerca

Lo tuve a esa distancia, como se puede ver en la foto que le pude tomar con emoción honesta. El muchacho no flota cuando camina, pisa firme, pero es leyenda. Es el héroe que le ganó al tiempo, que compitió contra sí mismo en la piscina del cubo de agua de Beijing. Todas las noches mexicanas donde Michael Phelps rompió los récords las disfruté con alegría. Mi hijo mayor, a punto del sueño, con sus dos años de vida, me veía con sus ojos brillantes tratando de entenderme. Hoy el niño, y su hermano menor, nadan en una pequeña alberca cercana a la casa y me preguntaron sobre el joven de la fotografía que les mostré en cuanto terminó una jornada larga de Festival Olímpico Bicentenario.

Antes de las siete de la mañana de ese sábado 9 de octubre ya estábamos en las calles aledañas al evento. Iba con mi compañero Paco Alvarado, camarógrafo de vocación y talento. Policías y militares cercaron la zona. De nada sirve consultarles nada porque no saben absolutamente nada de lo que ocurre in situ. Están ahí porque deben estar ahí con tolete o arma larga en mano, según sea el caso. Nos estacionamos cerca del Ángel de la Independencia pero como dudamos tanto por ser zona de parquímetros, terminamos por meter el auto en un estacionamiento público. Después vinieron los cercos. Con todo y nuestras acreditaciones de accesos totales, el estado mayor presidencial ignoró toda la logística que se trabajó con días de antelación. Para acreditarme me preguntaron tantas cosas que superaron los exhaustivos cuestionarios de los promotores de las tarjetas de crédito.

Iba a estar el mandatario y los sospechosos quedábamos excluidos de la inauguración a pesar de que nos citaron para estar ahí. Después vino lo de Phelps y mi maldita frustración. Aunque lo tuve a un metro de distancia no lo pude ver nadar. Mi acreditación con accesos totales no funcionó y sólo vi las salpicadas generadas por la tremenda brazada del amo del agua. Pero sí lo vi batear, jugar golf, voleibol de playa, tirar un penal en el futbol y sentarse agotado en una banqueta para twittear. Ese es el contexto de esta imagen que guardaré en un lugar especial del disco duro de mi computadora.

Lo que no pude decir en la Ibero

Este viernes 8 de octubre de 2010 fui invitado a la presentación del número 17 de la Revista Iberoamericana de Comunicación dedicada al periodismo deportivo, dentro del marco de la celebración del XV Encuentro del Consejo Nacional para la Enseñanza y la Investigación de las Ciencias de la Comunicación (CONEICC). Por atrasos naturales de eventos de esta índole, los minutos nos pusieron al límite y todos comprendimos menos la empresa de los sandwiches que amenazó con cancelar su presentación. A mí me tocó la mala suerte y mi ponencia se redujo al primer y último párrafo con una reclamación genuina.

Me comprometí a publicar mi texto en este espacio y aquí lo pongo con gusto.

Muy buenas tardes a todos ustedes. Al leer el número 17 de la Revista Iberoamericana de Comunicación me tuve que poner el saco porque se habla de nosotros los no periodistas deportivos mexicanos. Samuel Martínez plantea el término de “comunicadores deportivos”, ese significativo, variopinto y muy diverso grupo de profesionales entre los cuales se encuentran verdaderos periodistas, reporteros, editorialistas, críticos y analistas “serios”, así como también famosos ex deportistas, ex árbitros, narradores y cronistas gritones, comentaristas chistosos, presentadores carismáticos, guapas modelos, cómicos y hasta “brujos”.

El maestro apunta que dejamos huellas discursivas por todos lados, que ejercemos un periodismo blando. Que somos una prensa abiertamente dócil, poco cuestionadora, ligera, laudatoria, amiguista, oportunista, por instantes sensacionalista, llena de lugares comunes y metáforas muertas.

Qué le puedo yo decir, una frase hecha, tiene usted la boca llena de razón.

Enrique Adolfo López Magallón, el sí periodista deportivo porque ejerce en otros lares, nos presenta tres casos ilustrativos. En Alemania, Estados Unidos y Argentina se hace un periodismo deportivo de alto nivel desde una perspectiva global. Los Alemanes han podido realizar periodismo global a partir de una perspectiva local. Los estadounidenses recurren fuertemente a sus propias tradiciones narrativas. Y los argentinos, de la manera más natural hablan del fútbol como un planeta sin fronteras.

Siempre es urgente observar fórmulas, estructuras y procesos exitosos en esta profesión y coincido con la postura de mi tocayo.

El Doctor Jesús Galindo Cáceres señala que hasta el momento, desde una Ingeniería de la Comunicación Social posible, el periodismo actual está lejos de atender al deporte como un agente de configuración social central y estratégico, como un constructor de cultura ciudadana, como una matriz de prácticas y sentidos de comunicación social.

El periodista no alcanza a darse cuenta de todo lo que está pasando. Las preguntas son sencillas, ¿y si se diera cuenta?, ¿y si se capacitara para mejorar su sentido y práctica del periodismo deportivo?, ¿y si tomara la iniciativa hacia acciones que movieran toda la energía que se encuentra en el mundo deportivo para cambiar la vida? Ese es el reto de la Ingeniería de la Comunicación Social, explorar esos horizontes de esas posibilidades. Y entonces ya veremos, concluye.

Si podemos funcionar como conejillos experimentales, que cuente conmigo por favor.

Entrando en los terrenos de la sociología, Fernando Segura, presenta un sensacional texto sobre el caso de la prensa deportiva en Francia, un ramo dinámico, activo y competitivo, con una gran tradición literaria, y una estrategia deslumbrante que debemos utilizar a nuestro favor para poder alcanzar la distinción de periodista deportivo.

Otro no periodista, pero sí exfutbolista, Félix Fernández, nos revela el misterio de los intrusos. En su colaboración señala que el periodismo es mucho más que aparecer frente a una cámara realizando análisis de un partido de futbol; más que escribir una opinión en una publicación impresa y más que formar parte de un panel radial. Tanto el periodismo como el mundo del futbol se han visto invadidos por intrusos que buscan ganarse la vida en dos actividades con permanente demanda, dentro de las que aparecen fuentes de trabajo directas o indirectas y que terminan por dejar a los verdaderos actores del futbol o periodismo un mínimo porcentaje de acción y ganancias.

En La cuádruple espectacularidad del periodismo deportivo, Juan Pablo Domínguez inicia contando una buena paradoja sobre nuestra materia: siendo la primera expresión acabada del periodismo especializado, constituye una de las modalidades periodísticas que menos han evolucionado al paso del tiempo.

Una llamada de atención urgente para todos, en especial para los actuales jefes de información que le tienen más cariño a los financieros de la empresa que a sus propios reporteros. Y también a los reporteros que acatan su orden de trabajo sin ambición, sin vocación, sin pasión y muchas veces sin capacidad de hacerlo.

Juan Pablo afirma y pregunta. Tenemos un periodismo que ha dejado la información en segundo término y que apuesta todo contenido al entretenimiento ¿Será la competencia por las audiencias lo que hace que la vocación de informar sobre el deporte sea hoy la que menos facilidades tiene para ser ejercida con libertad?

Gran pregunta con respuesta.

Porque continúa explicando que el periodismo deportivo posee una característica que a veces resulta controversial: la comprensión de la información como entretenimiento.

Por eso, nos sugiere Domínguez, debemos procurar creatividad informativa antes que exageración consabida, y en concreto, asumir los compromisos de un ejercicio periodístico competente.

Rolando Dromundo y su visión crítica señala que el periodismo deportivo en México ha sido hasta hoy un reflejo de la manera en que operan los medios de comunicación en el país.

Las empresas televisoras, al ser dueñas y participes del negocio, obviamente no pueden ejercer una cobertura imparcial con respecto a la cobertura deportiva. Mucho menos ser críticos ante este fenómeno.

Además observa que el hecho de que la mayoría de los profesionales del rubro tengan una escasa preparación académica, los hace más susceptibles de no tener una capacidad de análisis sobre los problemas del medio deportivo.

No agrego más, traigo el saco puesto, no soy juez, soy parte.

Alberto Cabañas en su artículo Cuerpo, tiempo y transfiguración nos obsequia dos citas muy ajenas al asunto del periodismo deportivo pero muy adaptables.

Dice San Agustín: “Vivir el ritmo y su tiempo es perecer en él”.

Dice Bachelard: “La imaginación es dinamismo organizador, es potencia dinámica que deforma y da forma a las copias pragmáticas proporcionadas por la percepción; y es también origen de una liberación, en donde las imágenes no valen por las raíces liberadoras que ocultan sino por las flores poéticas y míticas que revelan”.

Fernando Moreno, guardián de la gran tradición cinematográfica invita a reflexionar. Nos habla de Los otros niños héroes, los que ganaron un juego perfecto y se coronaron como los mejores de las ligas menores en 1957. El experto asegura que el cine tiene fascinación por el deporte. El cine mexicano hace mucho que no voltea hacia esa fuente de historias. Tal vez pase lo mismo que en las redacciones de nuestros medios en donde te dicen: es que la historia no vende… es que el futbol marca así y otros deportes marcan así… espero que no sea así.

Para finalizar me encontré un ensayo sobre un conflicto explosivo en torno a la hoja de coca en el Perú. Una realidad que lastima al mundo.

En verdad que he aprovechado el contenido de esta publicación. Nuestro gremio está pasando por un momento peligroso en donde ni siquiera podríamos llamarnos comunicadores deportivos, sino marchantes informales de dimes y diretes, o en el mejor de los casos, enciclopedias ambulantes de formaciones, estrategias y estadísticas que sólo cuentan la mitad de la historia.

El Mortero Mágico

Aquel cinco de agosto del año 10, en las cercanías de Copiapó (Chile), su tierra natal, la montaña lo devoró y lo tiene en sus entrañas. El yacimiento de San José capturó la atención del mundo, porque dos semanas más tarde, la noticia de que él y sus compañeros mineros estaban atrapados pero vivos y en buen estado, conmovió a todos.

Las historias de todos ellos se han vuelto particulares y la de él vino a amarrar su presente con su pasado. El mortero mágico está 700 metros bajo tierra con sus 53 años recién cumplidos. Su trabajo en la mina era ir y venir, estar adentro y afuera conduciendo la camioneta de transporte de personal.

Su historia personal nos dice que se llama Franklin Erasmo Lobos Ramírez. “Lobitos”, “Caqui”, “El Mortero Mágico”, un centrocampista contemporáneo, compañero y amigo de Iván Zamorano. Activo de 1980 hasta 1995. Campeón nacional de la segunda división chilena con el Cobresal y poseedor de un disparo fino, preciso y fulminante.

Llegó a portar la roja de su patria en la eliminatoria de los Juegos Olímpicos de 1984, pero al final no hizo el viaje a Los Ángeles. Lobos pudo disputar 144 partidos de primera división y anotó 86 goles.

Fue con Cobresal en donde se sintió muy cercano a los mineros. Se hizo amigo de ellos y en las tardes jugaban al boliche o al tenis. La vida después del futbol la encontró precisamente en los huecos de la tierra, en las minas en donde hoy espera pacientemente a que lo saquen de ahí.

Mientras pasan los días, el mortero mágico juega al dominó, en el refugio celebraron la independencia chilena y apoyaron a La Roja (selección chilena de futbol) en un amistoso contra Ucrania que sirvió para sellar el pacto con Bielsa. Por ser quien es, un viejo colega, David Villa les ha mandado a los mineros su playera del Barca y un mensaje solidario.

Pero más allá de esos tiempos que pasan, Franklin Lobos está listo para que la madre tierra lo vuelva a parir. En una cápsula saldrán, uno por uno, de ese vientre obscuro en donde han gestado su propia sobrevivencia.

El arquero del espíritu audaz

Cada atajada confirma que se trata de un espíritu audaz que lucha con fuerza. Nada hubiera sido posible sin el poder de sus piernas, sin sus reacciones y reflejos de superhombre. Lo de “Pato” no define en absoluto nada de lo que es, porque el apodo es el resultado de una confusión. Una vez lo mandaron a suplir a un arquero y todos estaban familiarizados con un tal “Pato” Iglesias. Por desconocimiento y comodidad a Ubaldo le llamaron “Pato” y así se le quedó el mote.

Se dice que hablar de Fillol es hablar del mejor portero argentino de todos los tiempos, sin agraviar a Amadeo Carrizo, pero al mejor arquero de cada torneo en Argentina se le entrega un trofeo con el nombre del Pato.

Remontémonos ahora a los inicios del personaje. En un mano a mano venturoso selló su destino. Jugó en Quilmes entre 1969 y 1970. El servicio militar lo hizo parar dos años y cuando estuvo de vuelta ya lo habían vendido a Racing, la gran vitrina en donde lo encontró River Plate. Pero Fillol dudaba en irse; Labruna era su entrenador y le advirtió que si no se iba se les vería con él. El “Pato” acabó defendiendo durante una década a los millonarios. En 405 partidos ganó siete campeonatos: Tres Nacionales y cuatro Metropolitanos como se llamaban entonces.

La casualidad quiso que el último partido con River fuera el 20 de junio de 1983 contra Racing. Estuvo un tiempo en Argentinos Juniors y emigró a Brasil, con el Flamengo en donde es ídolo. Una temporada en el Atlético de Madrid, de 1986 a 1987, y de vuelta a Racing donde devolvió cariño con grandes tardes. Se retiró con Vélez, en 1991, y se le recuerda un penal atajado que le arrebató el campeonato a River. Esa era su labor. Impedir los goles sin importar de quien vinieran.

Pero el “Pato” es inmortal por aquel campeonato mundial para Argentina en casa. Vestido de verde adquirió las dimensiones de un monstruo resguardando el arco. Con 58 partidos de selección nacional y tres mundiales nadie lo puede olvidar.

Y es que Fillol no deja al futbol y el futbol no lo deja a él. Por supuesto que nunca se ha ido. Ha sido técnico y enseña el arte de la imbatibilidad a los arqueros de selección en todas sus categorías y está entregado a la formación de jóvenes.

En el 2007 se volvió miembro activo del ciberespacio y abrió ubaldofillol.com. También está en Twitter y en Facebook. Desde luego es un hombre que nunca se pierde de vista.

La vinotinto y el asunto de los pasteleros

El color de la camiseta de la selección venezolana proviene de la mezcla de los colores de su bandera. Ese es el tono que arrojan el oro de sus minas; el mar y cielo que la separan, simbólicamente, de España; y la sangre derramada por los patriotas que lucharon por su independencia.

La vinotinto, como se le conoce, es un fenómeno social reciente que ha aportado identidad a la nación bolvariana, a pesar de sus resultados negativos en el plano deportivo.

Venezuela es el único país afiliado a Conmebol que nunca ha podido ir a una Copa del Mundo.

La historia del futbol en este país coincide con la del resto del continente, los europeos introdujeron el juego en 1920.

Fue hasta los IV Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1938, cuando el representativo venezolano disputaría su primer encuentro oficial contra Panamá.

Ingresaron a la FIFA en 1952 y a finales de los años sesenta se animaron a jugar las eliminatorias mundialistas y la Copa América.

En esta tierra, donde el béisbol es rey, el futbol ha tenido un auge notorio desde el 2001, al hilar cinco victorias rumbo al mundial de Japón y Corea. Aunque no clasificaron, fue un logro evitar el último lugar de la eliminatoria.

Cuatro años más tarde volvieron a sorprender ganando partidos y a medio camino estaban en cuarto lugar de la zona. No hubo fortuna en el resto de la competencia pero el rostro del equipo cenicienta del cono sur cambió para siempre.

En 2007 organizaron la Copa América. El gobierno de Chávez invirtió 900 millones de dólares en el evento y la vinotinto alcanzó los cuartos de final.

El 7 de junio de 2008 Venezuela le ganó por primera vez a Brasil en un amistoso. De nueva cuenta la vinotinto daba mensajes, que en un contexto politizado, se utilizaban en todos los sentidos.

La última aventura en eliminatorias fue documentada en cine.

A la par del desarrollo de la selección nacional, la liga venezolana iba escribiendo su historia. El pastelerismo es una forma de explicar lo que los venezolanos sienten por su futbol. Hay quienes andan por las calles vistiendo colores ajenos y argumentan que su futbol es de baja calidad. Del lado opuesto están los defensores que les llaman pasteleros a estos aficionados que no se identifican con sus equipos locales, ni con la vinotinto.

En el 2008, 163 futbolistas venezolanos estaban participando en clubes extranjeros. Una prueba irrefutable de que el futbolista de ese país tiene un nivel óptimo de juego.

La emigración del jugador venezolano se puede explicar por la situación financiera del futbol local. Los extranjeros contratados ganan un promedio de ocho mil dólares mensuales. Las estrellas locales, un poco menos que estos. El resto se conforma con la quinta parte. Aún así, en Venezuela se consideran cantidades estratosféricas que tienen a los clubes al borde de la bancarrota.

Si contrastamos estos datos con los de nuestro entorno, podremos tener una idea de la situación del futbol nacional. La primera división tiene sueldos millonarios. Una estrella podría rebasar los dos millones de dólares por año. Tal vez por eso, hasta mayo de 2010, sólo había 16 futbolistas mexicanos en el extranjero, uno de ellos (Rodrigo Prieto), por cierto, jugó en el Caracas, el equipo más rico del futbol venezolano.

Pumas, eterna juventud

Pumas no representa a ningún barrio, ni tampoco a alguna ciudad o estado. El equipo carga con una idea que traza el perfil de sus seguidores y de sus futbolistas. Esa idea se asocia a la centenaria Universidad Nacional Autónoma de México. Ser Puma es un gentilicio deportivo que hincha el pecho de orgullo.

Aunque desde los años 30 se jugó al futbol en la UNAM, la historia futbolística de Pumas se cuenta de forma lineal desde que formaron la escuadra que ascendió a primera división en 1962. Estudiantes de las facultades del campus reforzados por algunos futbolistas veteranos lograron que el Goya retumbara en el estadio de la Ciudad Universitaria.

Desde entonces el equipo se percibe como joven y dinámico, veloz y con garra.

Futbolistas insignia han vestido el azul y oro. Desde Enrique Borja hasta Pablo Barrera.

Su cantera es de prestigio en México. Hugo Sánchez es el hijo pródigo. Jugadores como Luis García, Alberto García Aspe, Manuel Negrete, Luis Flores, Héctor Moreno o Efraín Juárez, por nombrar algunos, han salido al extranjero egresados de la cantera universitaria.

Es este equipo el que más veces ha tenido campeones de goleo individual en la historia del futbol mexicano.

Pumas es el único bicampeón en la era de los torneos cortos y suma seis títulos de primera división con temporadas memorables para sus aficionados que hacen de este equipo el centro de sus formas de ver al mundo.

El estadio olímpico es un territorio especial. En sí es una obra de arte de la arquitectura mexicana. Y si le agregamos sus rituales, sus consignas, sus cantos; obtenemos un símbolo de la juventud del país que ve en los Pumas sus ideas de libertad.

River Plate, un lugar para los héroes

Es un equipo que juega en un estadio Monumental, que carga más de un siglo de historia. Treinta y tres veces campeón de Argentina. Campeón de América y campeón Intercontinental. La franja roja que les cruza el pecho los distingue de inmediato. River Plate se tutea con la historia del futbol mundial y sus héroes han inspirado poemas y odas épicas.

Escuchar los apellidos de sus héroes es como sumirse en la mitología. Ferreyra, Moreno, Pedernera, Labruna, Carrizo, Merlo, Passarella, Fillol, Francescoli, Saviola, todos evocan tiempos de gloria.

River se fundó el 25 de mayo de 1901. El destino quiso que naciera en el barrio de la Boca, de donde partieron para volver siempre como los máximos rivales de los lugareños. Dicen que un superclásico entre River y Boca es uno de las cincuenta eventos deportivos que un ser humano debe ver antes de morir. Un calificativo que deja claro la intensidad de la que estamos hablando.

Cuatro de cada 10 fanáticos argentinos le van al River. Les apodan los Millonarios, el Más Grande. El campeón del Siglo. Con tales referencias su legado pesa. Este es de los equipos que fracasan sin miramientos en caso de no levantar las copas que disputan.

Era una tradición que los Millonarios abrieran la cartera para reclutar a lo mejor de lo mejor, pero desde 1983, tras una severa crisis financiera detonaron la producción de su cantera que en la siguiente década los saciara de triunfos.

Jugadores como Ariel Ortega, Marcelo Gallardo, Hernán Crespo, Matías Almeyda, Santiago Solari, Andrés D’Alessandro, Pablo Aimar y Javier Saviola fueron hechos con el sello de una banda roja que les cruza el alma.

Dice el himno del equipo que el más grande sigue siendo River Plate, por su estilo, sus estrellas y su gente. Por eso vuelan las banderas del Monumental porque ahí viene River y con su juego llega la alegría.

Guadalajara, sentimientos de la nación

En México sólo hay dos equipos que juegan con puros mexicanos: la selección nacional y las Chivas Rayadas del Guadalajara. Por lo tanto comparten el mismo sentimiento fraternal que le llega a la mayoría de los aficionados. Guadalajara es uno de los clubes más antiguos del país. Fue fundado por Edgar Everaert, natural de Bélgica, en 1906. Desde entonces nunca se ha disuelto ni mucho menos ha dejado de jugar a diferencia del Pachuca, el otro equipo nacional que ha rebasado el centenario de vida.

Las Chivas son el antagonista del América y dividen preferencias en porcentajes casi iguales, aunque con la diferencia de que pocos odian al rebaño. Al tener la filosofía de jugar con futbolistas mexicanos, Guadalajara ha tenido que formar a sus talentos. Su cantera es fértil y efectiva.

En su pasado se cosecharon los máximos galardones de su historia. Una sola generación que se fue renovando conquistó ocho de sus once títulos. Aquellas leyendas se hicieron llamar el Campeonísimo Guadalajara. Durante mucho tiempo fue un club social y deportivo. Desde hace ocho años son propiedad del magnate Jorge Vergara, comparado por la BBC de Londres con el dueño del Chelsea, el ruso Román Abramovich.

Verde Valle es su centro de entrenamiento y es ahí donde se puso en marcha un proyecto de formación de talentos al estilo holandés. Bajo este nuevo esquema se han conquistado un título de liga y el equipo se ha ganado prestigio y respeto en torneos internacionales como la Copa Libertadores de América. Además, en Europa juegan egresados de esta escuela rojiblanca. Recientemente el equipo tapatío inauguró su nueva casa con la consigna de superarse a sí mismos.

Con toda la pasión de su afición, es un equipo de poder y de pasión. Carga a México en las venas y la historia lo juzgará, siempre, por lo que haga o deje de hacer.

Sao Paulo, predicadores del arte

Cuando el Sao Paulo fue refundado el 16 de diciembre de 1935 anunciaron una buena nueva. Dijeron que el futbol es un arte y que ellos tenían otra concepción del juego. En dos portentosos jugadores cayó la responsabilidad de predicar con los pies lo que se había anunciado. Arthur Friendenreich, El mulato de los ojos verdes, primero y Leónidas Da Silva, El diamante negro, después, cautivaron a un publico que creyó para siempre en ellos.

Una camiseta blanca con dos bandas horizontales, una roja y otra negra fue su distintivo desde entonces. Esos colores significan la unión de las razas. El blanco simboliza a los europeos, el rojo a los nativos de América y el negro a los que llegaron de África.

Sao Paulo es la ciudad de los millonarios, su cielo es surcado por la mayor flota de helicópteros particulares que se pueda imaginar. Y su futbol es asunto sacro en donde también residen el Corinthians y el Palmeiras. Por eso el Morumbí es un territorio bendito, aunque recientemente fue excluido para ser contemplado como sede de la próxima Copa del Mundo del 2014 porque no el club no le dio garantías financieras a la FIFA.

En Brasil, el Sao Paulo es el tercer equipo más popular. Tiene 22 campeonatos regionales y seis campeonatos brasileños, lo que lo coloca como el único hexacampeón del Brasileirao. Tres copas Libertadores, dos Intercontinentales, 3 campeonatos mundiales de clubes y en toda la nación que baña el Amazonas no hay vitrinas con tantos cetros conquistados en torneos globales.

Sao Paulo es un soberano que ha tenido súbditos ilustres como Careca, Cafú, Falcão, Denilson, Müller, Kaká, Cerezo, Zizinho, Gerson, Raí y Rogério Ceni.

Su estructura es la más completa del país y hoy en día, el cuadro estelar del Sao Paulo está compuesto sólo por brasileños.

El tricolor es un equipo que se siente amado, que ve en su pasado la grandeza de su presente y que carga con honor la responsabilidad de ser paulista dentro del país donde el futbol es fiesta, pero sobre todo arte.

América, el equipo que divide a México

El equipo fundado el 12 de octubre de 1916 por un adolescente de 14 años conocido con el mote de Récord lleva el nombre del continente. América divide a México por completo. La mitad lo ama fielmente, la otra mitad lo odia a muerte. Tanta historia está segmentada en épocas. Cada época representa un capítulo particular de su rica historia. En sus vitrinas se guardan 10 títulos de liga y los románticos se encuentran en pie de guerra exigiendo el reconocimiento de lo alcanzado en tiempos lejanos.

América fue un trabuco en los albores del futbol mexicano. En la década de 1920 conquistó un tetracampeonato en la liga amateur. Y sus gloriosos futbolistas formaron, en su mayoría, la primera selección mexicana que representó al país al jugar contra nuestros vecinos guatemaltecos.

El América, antes de ser señalado como un equipo de millonetas, también fue pobre y vivió momentos de incertidumbre. Sus colores crema y azul, cuyo origen tiene varias interpretaciones, se fueron haciendo costumbre en nuestro futbol.

De la mano de la televisión fortaleció su identidad y comenzó una rivalidad con el Guadalajara que dio origen al Clásico Nacional.

Aquellos cremas se volvieron águilas y para ser águila se necesita tener la capacidad de soportar las exigencias máximas sin poner ningún pretexto de por medio. En América los futbolistas se consagran o se hunden en la miseria del olvido. Sus cuadros siempre han sido una mezcla de jugadores extranjeros, que asumen el reto impuesto, con una base de mexicanos que estén dispuestos a entregarse al americanismo.

El sello de inolvidable se le ha otorgado a hombres como Carlos Reinoso, Enrique Borja, Alfredo Tena, Cristóbal Ortega, Héctor Miguel Zelada, Antonio Carlos Santos, Cuauhtémoc Blanco, Francois Omam Biyik y Salvador Cabañas.

En las fuerzas básicas del club América, además de perfeccionar el talento de sus jóvenes, se enseña a enfrentar la rivalidad más encarnizada de todo el futbol mexicano porque no hay equipo que no le juegue a muerte, porque todos le quieren ganar.

Boca Juniors, un cielo cubierto de estrellas

Un cielo azul cubierto de estrellas, así se presenta Boca Juniors enarbolando la bandera que porta su escudo. Cada estrella es un instante, es un recuerdo, es la presencia plena de sus leyendas que llevan a la hinchada hasta la locura cada que llenan sus gradas. Es el equipo de un barrio que se hizo famoso en el mundo por el futbol. Es el equipo de su propio Dios viviente que es alabado con fervor.

Boca Juniors es entusiasmo y valor. Para ser jugador del equipo hay que tener clase, pero más importante aún es salir siempre con los dientes apretados dispuesto a luchar hasta el final.

El semillero de Boca le renueva el talento al club, sin embargo, sus futbolistas han sido parte en selecciones nacionales que le han dado a Argentina dos Copas del Mundo, cinco Copas América, dos medallas de oro en Juegos Olímpicos, una en Panamericanos y cuatro Copas del Mundo Sub-20.

Escuchen los apellidos: Tarantini, Ruggeri, Tévez, Riquelme. Son listas interminables de milicianos, auriazules de origen, que han jurado dejar la vida en la cancha. Por eso la comunión en la Bombonera es un acto místico.

Cuenta la leyenda que fue fundado el lunes 3 de abril de 1905 por cinco inmigrantes italianos y que sus colores fueron inspirados por un buque sueco que navegaba por el Río de la Plata.

Tanta pasión exige mantener la llama encendida y la enorme hoguera eleva sus flamas conquistando trofeos dentro y fuera de Argentina.

Ha ganado 18 Copas Internacionales que lo hacen ser, junto al Milán italiano, el equipo que más competencias de esta naturaleza ha ganado en la historia, siendo las proezas del Virrey Bianchi las más famosas.

Los xeneises han salido 23 veces campeones de la primera división nacional. Y siempre, el Barrio de la Boca ha celebrado como pocos lo hacen.

Su mítico campo se sincroniza en un grito de amor, porque este equipo vive un eterno romance entre los que juegan y los que ven jugar.

Cruz Azul, un equipo con cimientos

Cruz Azul pertenece a una cooperativa cementera y es uno de los cuatro equipos más populares de México. El 22 de mayo de 1927 los trabajadores formaron su propio equipo para representar al pueblo donde ha estado su fábrica. El juego era un asunto de esparcimiento puro hasta que uno de sus directivos, Don Alfredo Álvarez Macías, decidió que el equipo fuera una insignia de la empresa, en un mundo empeñado en comunicar y posicionar mensajes.

Cruz Azul ascendió a primera división en 1964. Todos concuerdan en que aquellos muchachos corrían como liebres. Sus primeros dos títulos los conquistaron jugando con puros mexicanos, sólo cinco años después de su llegada al máximo circuito.

Al inicio de los setentas se mudaron a la capital mexicana para construir su propia leyenda. En esa década fueron bautizados como La Máquina, cualquier aficionado a este equipo sabe quien jugaba en cada línea; así conquistaron cinco títulos y fueron dirigidos por los dos técnicos más ganadores del futbol mexicano: Nacho Trelles y Raúl Cárdenas.

En total, las vitrinas cementeras guardan ocho trofeos como campeones de liga del futbol mexicano. En cinco ocasiones ha sido el monarca de la Concacaf Y en el 2001 Cruz Azul se convirtió en el primer equipo mexicano en disputar una final en Copa Libertadores. Perdieron contra Boca en penales.

Cuando los cementeros ingresaron a la segunda división no tenían estructuras para sus fuerzas inferiores. Medio siglo después cuentan con equipos en todas las categorías.

Todos en Cruz Azul anhelan volver a ser campeones. Son invitados frecuentes a las liguillas, han disputado 43, sin embargo desde 1997, cuando derrotaron al León con un gol de oro, no han podido levantar el trofeo de campeones. En los últimos dos años cayeron tres veces en el momento decisivo, lo que despertó la crueldad de sus rivales, quienes les llaman con sarcasmo el Subcampeonísimo.

Peñarol, al pie de las vías

Todos los orígenes del Peñarol están asociados al gremio ferrocarrilero y a un pequeño pueblo italiano llamado Pinerolo. El amarillo y el negro que los distingue fueron tomados de la locomotora Rocket. Pinerolo derivó en Peñarol con las deformaciones de la lengua castellana. Y así se llama el barrio de Montevideo, en donde está la estación del ferrocarril, cuyos trabajadores ingleses formaron este equipo de futbol el 28 de septiembre de 1891, el plena primavera del hemisferio sur.

Tan antiguo es el club que aún conservan su viejo campo de Las Acacias, hoy llamado José Pedro Damiani, en el que no pueden jugar la liga por falta de aforo. Las gradas tienen capacidad para 12 mil personas y por eso se mudaron al estadio Centenario que se pinta con cada tarde de local con los colores aurinegros.

Es el equipo con más títulos en Uruguay. Peñarol asegura tener 48 campeonatos en todas las épocas. A estos se agregan cinco Copas Libertadores y tres Intercontinentales. La FIFA lo nombró en 2009 el mejor club sudamericano del siglo XX, por encima del Independiente de Argentina y de su irreconciliable adversario de todas los tiempos, el Nacional de Montevideo. Con este equipo disputan el clásico del futbol uruguayo desde el 15 de julio de 1900.

Los hombres del Peñarol son tesoneros y pujantes. Cinco de los primeros campeones del mundo de 1930 eran carboneros. De los héroes del Maracanazo, 9 eran Manyas, incluidos Varela, Schiaffino y Ghiggia. Hoy en día, las fuerzas juveniles aurinegras están volviendo a dar frutos de la mano de Víctor Púa.

Por lo pronto el primer equipo es el campeón vigente. Tras siete años de espera lograron ganar la temporada 2009-2010 en calidad de invictos y mientras la bandera amarilla y negra siga flameando, los corazones de sus seguidores se pondrán a cantarle al Peñarol, un nombre, que según ellos, brilla igual que el sol.