Marinus, el General


El fútbol es la guerra, dijo el general. Los dos equipos están armados hasta los dientes y compiten por la gloria. Cada batalla levanta el polvo de las emociones. La idea consiste en acosar sin tregua ni respiro al adversario para recuperar la posesión del balón, y no ceder a ningún precio la iniciativa del ataque al contrincante, contando con dos requisitos básicos: un espíritu de lucha inquebrantable y una perfecta preparación física, sin los cuales el sistema se derrumba irremediablemente.

¿Cómo contarle al mundo que esta fórmula se acentúa con la historia de una derrota? La Holanda de 1974 es el molde del futbol espectacular. Un futbol que iba abriendo como un abanico. Un incesante ataque con y sin balón. Una vieja idea que rondó en la mente de muchos pero que uno sólo la puso en marcha asumiendo los riesgos. Hoy el mundo entero disfruta de ese futbol total que se aplaude hasta en la derrota.

Dicen que ese hombre que revolucionó al futbol era tan serio como una esfinge. Tan duro como el mármol. Tan exigente, marcial y autoritario en los entrenamientos que se le dio el grado de general.
Marinus Jacobus Hendrikus Michels nació el 9 de febrero de 1928 en Amsterdam. De su padre heredó el gusto por el juego. Desde los 12 años vistió la playera del Ajax. Debutó a los 18 y lo hizo anotando cinco goles de los 121 que marcó a lo largo de 269 partidos. Fue seleccionado nacional en cinco ocasiones. A los 30 años se tuvo que retirar del futbol. Una hernia le provocaba dolores crónicos en la espalda. Mientras Rinus Michels jugó, el futbol en el reino de los Países Bajos fue intrascendente.

Pero en 1964 llegó al banquillo del Ajax. Michels no era un empírico. Estudió educación física y ese concepto que puso en marcha era producto de lo que le había aprendido a un viejo técnico inglés (Jack Reynolds) que lo dirigió, a la aplicación de estrategias del basquetbol, al desarrollo de las fuerzas juveniles, a los consejos de Stefan Kovacs y a que el destino le había puesto en su camino a una generación de jugadores que ejecutó con eficacia el sistema del general. Johan Cruyff fue educado bajo esta filosofía y predicó con el ejemplo.

El Ajax fue construyendo ese espíritu de lucha inquebrantable y el general estaba siempre al pendiente de la perfecta preparación física. Llegaron por añadidura los éxitos. Los campeonatos nacionales colocaron al equipo en la disputa por las copas europeas. Luego vino aquella epopeya de 1974. El agradecimiento de una nación entera a pesar de la derrota, y el reconocimiento del mundo fue incuestionable. Después se dio la llegada de los holandeses al Barcelona y la consolidación de un estilo que hoy se sigue aplicando, con dejos de perfección, en la oncena blaugrana.

Pero el general tenía el sueño de volver a Amsterdam con algo más que el reconocimiento. Una nueva generación volvería a revolucionar el futbol total. La Eurocopa de 1988 desató la euforia de todo el país. Rinus Michels alcanzó lo que siempre había anhelado. Sus tropas triunfaron y la fiesta fue inolvidable.

Detrás de esa esfinge siempre existió un alma noble, alegre, sincera. De gran calidad humana. Fuera de la cancha era un hombre relajado y  feliz. Por eso Míster Mármol disfrutaba al compartir sus dotes de tenor. Amó tanto a su esposa que cuando ella murió, su corazón de viejo se partió. Nunca tuvo hijos pero se comportó como un padre para sus muchachos, de quienes siempre recibió cariño sincero. Hasta que llegó ese 3 de marzo de 2005. El general se fue dejando tras de sí un ejemplo de vida. Más allá de ser considerado el mejor director técnico de la historia del siglo XX, Rinus Michels siempre será recordado con esa sonrisa que sólo se alcanza con la plenitud.