En el cráter de un volcán

Ya fui al “campo de los dioses” con mi pequeño hijo Luis Enrique. Fue mágico. Él quería conocer un volcán y lo pude llevar al Teoca. Fuimos a grabar un campo de futbol trazado en el interior del cráter. En donde el silencio es aplastante. En donde se habla y al momento de que uno calla en verdad desaparecen los sonidos. Ese agujero tiene cientos de historias. Ahí los cuatreros escondían el ganado robado. Los zapatistas hicieron del Teoca un punto estratégico en su guerra de guerrillas. Y hasta dicen que ha sido pista de aterrizaje para naves de otros mundos.

El Teoca es fundamental para la vida de los capitalinos. Más allá del futbol y del sinfín de historias, es aquí donde se recargan los mantos acuíferos del sur de la ciudad de México. Es a escasos kilómetros donde todavía podemos encontrar lo que creíamos perdido. Fue enorme poder ver a un gavilán volar encima de nosotros. Al acecho, sin temor, majestuoso con sus alas extendidas y encendidas por el sol de medio día. El olor del campo, la humedad, el frío que revitaliza, las hierbas utilizadas desde tiempos prehispánicos. Un guisado sensacional preparado con pescado de agua dulce mezclado con tomatillos verdes, chile pasilla y algunas otros ingredientes que son el secreto de la receta familiar de los Rocha.

Es otro tipo de gente, muchos con señores bigotes así como los de los zapatistas. Mujeres trabajadoras que nunca dejan desamparado el hogar a pesar de lo que sea. Un pueblo devoto a Santa Cecilia, porque ella es la patrona del lugar y que a su vez es la patrona de los músicos. Santa Cecilia Tepetlapa, uno de los 14 pueblos de Xochimilco, un lugar a las faldas de ese cerro que en su nombre indica que es la casa de los dioses, porque eso significa Teoca. Lugar de coyotes en donde aseguran que cada atardecer los aullidos anunciaban la noche y que si el coyote se mordía la cola tras el anuncio el mensaje cifrado quería decir que seguían siendo muchos los que andaban por ahí.

Llegamos al Teoca un 22 de diciembre de 2009 y le pude cumplir a mi niño su desafiante petición, llevarlo a conocer el cráter de un volcán y de paso me encontré con ese campo de futbol, el campo de los dioses.

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