Blaugrana-azulgrana

Ilusiones más, ilusiones menos; se sabía de antemano que el resultado sería en contra pero se pudo pensar que el gigante podía caer con el tiro certero de un mortal. Atlante lanzó la roca y acertó. El uno a cero duró 25 minutos tensos, inciertos, con suposiciones y con escenarios imaginarios que se esfumaban con el blaugrana de la playera de Goliat.

El equipo del pueblo mostró carácter. Se amarró a sus alcances pero falló y le abrió la puerta a la realidad. Barcelona empató, remontó y se adornó sin abusar de un rival digno pero chico a su lado.

Pep Guardiola fue cortés, y su equipo valiente, tal vez por deferencia a Rafa Márquez porque el rival era mexicano y sin duda alguna, el chico consentido de La Masia optó por no aplastar a un equipo de un país que también tiene una gran número de blaugranas. Incluso, no sabemos si así sea, Guardiola debería suponer que la comunidad catalana en México adoptó al Atlante por simple asociación de colores y por algunas coincidencias en sus respectivas historias.

Este 16 de diciembre de 2009 tuve el honor de vivir el tercer partido entre blaugranas-azulgranas en el Orfeo Catalá de la ciudad de México. Una parte de Cataluña es este lugar. Eran casi las diez de la mañana mientras que en los Emiratos Árabes el sol estaba por terminar su jornada. Lejano lugar para volver a encontrarse.

La primera ocasión que Barcelona y Atlante se enfrentaron fue en 1937. Los catalanes, en medio de la guerra civil, atravesaron el Atlántico en el vapor Mexique para reunir fondos. Fue una gran aventura de la que algunos expedicionarios no volverían a casa porque adoptaron a México como su nuevo hogar. Incluso Vantolrá, acabaría vistiendo el azulgrana mexicano.

Contra los prietitos jugaron el 27 de junio y los derrotaron dos por uno. Uno del Pato GUal, otro de Vantolrá y por Atlante anotó el Trompo Carreño.

El Mundial de Clubes es un torneo relámpago. Tan vertiginoso que apenas da tiempo de asimilarlo. Si ni el Real Madrid, el Milán o el Manchester han podido con el Barcelona, por qué creer que el Atlante podría tumbar al mejor equipo del mundo. Pero eso es lo divino del juego.
En 1964, Barcelona volvió a jugar en México. Esta vez Atlante tomó la delantera pero al final, se selló un empate a dos goles.

El argentino Carlo Chavaño anotó el primero de los dos. lo tiene fresco en la memoria. Simplemente disparó a gol y la pelota entró. Al final acabarían igualados en el marcador. Sobre el presente, el veterano azulgrana señaló que a pesar de la derrota, Atlante mostró sus credenciales. Sin embargo, para él, lo lamentable fue medir al Hobbit Bermudez con los grandes culés. Al pequeño jugador atlantista no le alcanzó la talla.

Todos los asistentes a la tertulia eran azulgranas. Los miembros de la peña barcelonista en México, convocados por Don Jaime Romagosa, son apasionados incodicionales del equipo culé, pero también seguidores del Atlante por asociación. Por eso hoy se contuvieron. Se alegraron de que ganara el Barca, pero "también queríamos que ganara el Atlante", dicen con rareza.

El partido ha sido histórico. Un hombre que en apodo lleva al equipo de sus amores sabía de antemano que el momento era esplendoroso pero la realidad aplastante. Raúl Gutiérrez guardó la esperanza, ahora es tiempo de dar una fría explicación. “Pudo haber jugado mejor el Atlante” asegura el Potro, sin embargo, la derrota no fue sorpresiva como sí lo fue la gran actuación de Rojas, quien ya se ha ganado un capítulo aparte en esta historia.

Fue así como se pudo vivir este tercer encuentro histórico entre dos equipos azul y grana. Uno que manda en el futbol moderno y otro que no deja de escribir páginas en su antiguo libro de historias.

(En la foto: Enrique Ballesteros, Carlo Chavaño, Raúl "Potro" Gutiérrez y Don Jaime Romagosa)

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