Invencible

Dicen que no hay imprescindibles en la vida pero lo que es un hecho es que existen insustituibles en un equipo de futbol. Tal vez por eso nunca más se volvió a ver que un jugador del Milan haya ocupado el número seis. Simplemente sería una carga imposible de soportar para aquel que hubiera osado retar a la historia del gran capitán.
Sus reflejos, su lucidez y su carisma lo llevaron a robarle balones a los más granados del juego. Imaginen cuantos kilómetros recorrió persiguiendo a sus rivales durante 23 años. Un defensa silencioso que siempre mantuvo un altísimo nivel. Que supo soportar el dolor físico. Poseedor del don de la intuición. Una especie de imán pelotero, porque el balón parecía siempre llegar a él.
Alguna vez, el periodista español Santiago Segurola dijo que no hay un número en el mundo que explique su capacidad de mando, la perfección de su movimientos y la gravedad de su presencia entre los adversarios. Pero ese seis en los dorsales sigue inspirando en San Siro. Es el eterno homenaje a un central puro y duro. Marcador de hombres y de zonas. Artista de la retaguardia. Un extinto líbero que participó en 719 partidos vistiendo en rojo y negro.
Las manos de Baresi casi siempre iban acompañadas con la empuñadura de algún trofeo. Con su equipo ganó seis escudetos, cuatro Supercopas de Italia, tres Champions League, dos Copas Intercontinentales y tres Supercopas de Europa. 
Tres mundiales le enorgullecieron pero también le llenaron de lágrimas el rostro a este guerrero incansable, honesto y leal.
Dicen que la historia se escribe sobre los hombros de los gigantes. Entonces, Baresi es uno de estos y sobre su espalda se sostiene el presente y el futuro del juego. 

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