El Trompo Carreño

Fue uno de los prietitos del Atlante el primero que anotó un gol para México en competencias internacionales. Marcó en los Juegos Olímpicos de 1928 y en la primera Copa del Mundo de 1930.
Juan Carreño Lara era su nombre. Le decían el Trompo, por gordito y bailador. Aprendió a jugar futbol de la mano de los legendarios fundadores del Atlante. El nació en 1909 por los rumbos de Tacubaya y el destino lo llevó a trabajar en la “La Sedanita” de la ciudad de México y a desquitar el tiempo libre pateando la bola de cuero en los llanos, con sus cuates y colegas de la fábrica.
Fiestero empedernido, Juan Carreño podía ir del baile al juego y del juego al baile. Y así jugaba. Caracoleaba, burlaba, corría, ponía los pases o él mismo culminaba las jugadas casi siempre en gol. Dicen que también era mañoso, se las ingeniaba para poner todo a su favor, aunque de por medio tuviera que pisarle los callos a los arqueros.
Y después de los celebres encuentros, él mismo recompensaba su esfuerzo tomándose uno que otro pulque, el néctar de los dioses aztecas. Aunque también se escribió en las crónicas de la época que se echaba sus buenos curados mientras se desarrollaban los partidos.
Era ídolo, un negrito en el arroz jugando entre caballeros de buena cuna que formaban las filas del España, el Necaxa o el América.
En 1928 fue convocado para formar la selección mexicana en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam. Viajaron e barco y tuvieron el primer partido contra España, el 30 de mayo perdieron uno a siete, pero ese quedaría escrito como el primer tanto mexicano en una competencia de esta envergadura.
El 13 de julio de 1930, en el campo de Pocitos, el Trompo volvería a dejar huella al anotar el primer gol de México en una Copa del Mundo. Francia fue el contrincante y el marcador fue de cuatro a uno, favoreciendo a los galos.
En la liga mexicana, Carreño fue factor fundamental para que el Atlante se coronará campeón, venciendo al legendario Necaxa de los 11 hermanos.
En 1940, con 31 años de edad, Carreño había dejado de ser el referente en las canchas. Bebía de más y lloraba en cantinas y pulquerías extrañando al futbol. En plena segunda posada navideña, después de unos tequilitas, el Trompo se desvaneció con un dolor intenso. Alcanzó a llamar por teléfono a los hermanos Rosas, compañeros y amigos suyos en Atlante. Lo subieron a una ambulancia y ahí murió, de camino al hospital, victima de apendicitis, el 17 de diciembre.
El ídolo azulgrana dejó una hija en este mundo que poco se acuerda del padre. Tenía dos años cuando quedó huérfana, pero sus nietos, que sólo lo conocen por la leyenda que se escribió de él, han procurado mantener vivo su recuerdo.
Los restos del Trompo Carreño descansan en una de tantas tumbas del viejo panteón de Dolores, nadie sabe la ubicación exacta.

5 comentarios:

Heriberto Glez. Pineda dijo...
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julio dijo...

Muchas gracias por el interés y por la información. Soy Julio Molina Carreño, uno de los nietos de Juan Carreño, subí algunas imágenes en: http://cid-b56ab1e3af92379f.skydrive.live.com/browse.aspx/Juan%5E_el%5E_Trompo%5E_Carre%C3%B1o?lc=2058
Espero que contribuyan en algo para aclarar algunas ideas a quien investiga sobre este tema.

Enrique Ballesteros dijo...

Juliom mil gracias por compartir tu tesoro, yo fui quien hizo el video de tu abuelo y está en You Tube. Saludos

Anónimo dijo...

Gracias trompo por darle vida a los colores azul y grana

Anónimo dijo...

El primer ídolo del fútbol Mexicano

Repentinamente, en 1926, en los llanos de La Teja, ahora colonia Cuauhtémoc, hizo su aparición un adolescente de 14 años que asombraba por sus facultades para jugar fútbol. El Atlante a través de un equipo filial lo había incorporado a sus filas, el nombre del jovencito era Juan Carreño, de apodo “el trompito”.

En Febrero de 1927, un hombre y un equipo se reúnen para labrar juntos la primera hazaña internacional del fútbol mexicano, El Trompo Carreño, como novel jugador del Atlante, enfrentan en varios encuentros al Colo-Colo Chileno. El Atlante aun no era un club de fútbol afiliado, pero ya sostenía y ganaba encuentros internacionales.

El Trompito surgió de la entraña misma del barrio, y fue sin duda el primer ídolo nacional, suyo fue el primer gol de la Selección Mexicana en juego oficial, contra España en 1928 jugado en Holanda (1-7) durante la eliminación olímpica para los juegos de Ámsterdam. Suyo fue también el primer gol mundialista de México, contra Francia (1-4) en Montevideo 1930.

Otros apodos otorgados, aunque no prendieron , fueron “el maestro” y “el gachupín”. Hombre bajito (apenas superaba el 1.60 m), de piernas fuertes, su juego era inteligente, lleno de picardía y velocidad, pases precisos, fuerte disparo, corría con el balón pegado a los botines, casi siempre enfundado en una boina negra, que mas bien parecía un casco, y que era de utilidad para cabecear los pesados balones de antaño (se acostumbraba usar este aditamento rellenado con papel periódico para amortiguar los cabezazos al balón).

Fútbol bohemio el de aquellos tiempos, se perdonaba todo excepto no defender con gallardía la camiseta. Se cuenta que en los juegos eliminatorios para la copa del mundo de 1934, al enfrentarse la entonces selección nacional con el representativo de Cuba en la Cd. de México, un futbolista caribeño apodado “el nené”, mulato de recia carrocería, retó al pequeño trompito a beber pulque, ¡la competencia se llevó a cabo en el intermedio del encuentro! Ambos jugadores iniciaron el segundo tiempo, pero “el nene” no aguanto el trajín y salió para dormir la mona, mientras que el trompo anotó el gol que le dio el triunfo a México. En su momento existió la prueba gráfica del hecho.

Un 16 de Diciembre de 1940, se dio la triste noticia, el trompo había muerto de las complicaciones de una apendicitis no atendida a los 32 años de edad. Como inmediato homenaje, la Liga Mayor de Foot Ball (que así se llamaba lo que ahora es la FeMexFut, y que solo incluía a equipos de la zona metropolitana) propuso que el campeonato anual llevase el nombre del jugador, pero la idea cayó en el olvido. Para esos años, ya despuntaba un nuevo ídolo nacional, Luis de la Fuente, “el pirata”.