La fábula de cómo el pato Merlín desbancó a las mascotas del mundial
Cuenta Esopo en sus viejas fábulas que, en el reino de los animales, los pavos reales solían pavonearse de su plumaje dorado y sus coronas artificiales, exigiendo la pleitesía del bosque. Sin embargo, cuando el viento arreciaba y la tormenta ponía a prueba el temple de las criaturas, el pueblo no buscaba la belleza estéril de los vanidosos, sino la calidez de aquellos que caminaban al ras del suelo. Con mucho tiempo de antelación, los hombre de FIFA presentaron a sus criaturas de laboratorio. Diseños digitales nacidos en agencias de publicidad transnacionales, mascotas con sonrisas simétricas y nombres comerciales aprobados por comités de mercadotecnia. Criaturas destinadas a habitar en los llaveros y en los anuncios de refrescos. Eran los pavos reales del torneo. No tenían la culpa, desde luego; no eran más que el tierno dibujo de un diseñador entusiasta, atrapado en el embudo de un corporativo que les quitó cualquier rasgo de imperfección humana para que pudieran venderse en tres paí...









