El veredicto del Grupo G
El Grupo G fue una demostración de que el fútbol no siempre premia al más espectacular, sino al que mejor entiende el valor de la estabilidad. Bélgica terminó como líder sin necesidad de exhibir una superioridad aplastante. Egipto confirmó que el crecimiento del fútbol africano ya no depende de una sola generación. Irán se ganó el derecho a seguir esperando gracias a una obstinada capacidad para resistir. Nueva Zelanda volvió a comprobar que la distancia entre clasificar a un Mundial y competir en él sigue siendo enorme. Este grupo no dejó héroes incontestables ni fracasos estridentes. Dejó algo más interesante: cuatro maneras distintas de entender la supervivencia en el fútbol moderno. Los que sobrevivieron Bélgica Durante años, Bélgica cargó con una etiqueta incómoda: la de la "generación dorada" que nunca conquistó el gran título. Ese relato terminó por convertirse en una prisión. Cada torneo parecía un juicio sobre lo que aquella generación no había conseguido. Pero el Gr...









