El partido que nadie soñó
Hay una crueldad especial en el futbol. Después de semanas de concentraciones, viajes, entrenamientos y presión, después de haber estado a noventa minutos de la final del mundo, el calendario le pide a dos selecciones que vuelvan a ponerse los botines para jugar un partido que ninguno deseaba disputar. El encuentro por el tercer lugar tiene algo de ceremonia incómoda. Los aficionados hablan de él con desgana, los entrenadores rotan jugadores y los futbolistas intentan convencerse de que todavía queda algo importante en juego. Pero la verdad suele aparecer en los ojos. En los ojos del delantero que imaginó levantar la copa y ahora debe competir por una medalla de bronce. En los ojos del capitán que todavía escucha el silencio del vestuario después de la semifinal. En los ojos del portero que sigue repasando el gol que los dejó fuera. Y, sin embargo, el futbol también es extraño en esto: incluso en el partido menos deseado puede aparecer algo valioso. Porque el tercer lugar no premia al ...









