Ecuatorianos que dejaron huella en las canchas mexicanas
El futbol mexicano, cuando se despoja de la soberbia y se analiza desde el rigor del archivo histórico, revela una verdad innegable: su competitividad y su folclor le deben muchísimo a la cuenca del Guayas y a las canchas de Quito. La relación futbolística entre México y Ecuador no es un mero intercambio de estampas en el mercado de piernas; es un puente migratorio de talento, potencia física y personalidades volcánicas que vinieron a sacudir la pasividad de nuestra liga. Para entender la huella indeleble que el futbol ecuatoriano ha dejado en el balompié azteca, hay que bucear en las crónicas de época, repasar las noches de gloria en el Estadio Azteca o el Territorio Santos, y rescatar del olvido lo que alguna vez se dijo de ellos. Aquí hay cuatro historias de lo que Ecuador le ha dado al futbol mexicano. 1. Ítalo Estupiñán y la ruptura del biotipo (Toluca y América, Años 70) A mediados de los años 70, el futbol mexicano mantenía un ritmo semilento, técnico pero carente de una exigenc...








