El sueño que se rompió en siete minutos
Inglaterra estuvo a siete minutos de la final del Mundial. Siete minutos de distancia entre una generación que iba a cambiar la historia y otra que tendrá que seguir conviviendo con la pregunta de siempre.
El equipo de Thomas Tuchel había hecho casi todo bien. Había neutralizado a Messi durante largos pasajes, había encontrado profundidad con Gordon y había obligado a Argentina a jugar incómoda. El 1-0 parecía el premio lógico a una semifinal controlada.
Entonces ocurrió lo que el futbol reserva para los campeones: el partido dejó de obedecer a la lógica.
Enzo Fernández empató en el 85. Lautaro Martínez sentenció en el 90+2. Y de repente Inglaterra descubrió que una semifinal puede escaparse incluso cuando parece segura.
Lo más doloroso no es la derrota. Lo más doloroso es que esta vez el argumento no será la falta de talento. Inglaterra tuvo talento, tuvo un entrenador de élite y tuvo el partido en las manos.
Lo que le faltó fue administrar el momento en que Argentina decidió recordar que era campeona del mundo.
Para Bellingham, Kane y esta generación queda una certeza amarga: estuvieron más cerca que nunca. Y quizá por eso esta derrota pesará más que muchas otras.



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