Enzo y el minuto en que volvió la esperanza


El reloj caminaba hacia Inglaterra.

Los ingleses ya empezaban a imaginar la final. Los argentinos miraban el césped como quien busca una salida en medio de la niebla. Y entonces apareció Enzo Fernández.

No llegó con un discurso. Llegó con un derechazo.

El balón salió de su pie y atravesó el estadio como una noticia urgente. Pickford voló tarde. El empate cayó en el minuto 85 y cambió algo más que el marcador: cambió el estado de ánimo de un país.

Hasta ese instante, Argentina jugaba contra Inglaterra y contra el tiempo. Después del gol, Inglaterra empezó a jugar contra el miedo.

Enzo tiene esa rara virtud de los mediocampistas argentinos: parece un obrero hasta que el partido exige un artista. Corre, recupera, ordena. Y de repente encuentra un disparo que abre una puerta que nadie veía.

Lautaro marcaría el gol de la victoria. Pero el partido empezó a darse vuelta en el segundo exacto en que Enzo decidió no aceptar la derrota.

Por eso fue el personaje de la semifinal. No por el gol solamente, sino porque devolvió la fe cuando el reloj ya parecía un verdugo.

A veces el futbol cambia de dueño en un instante. En Nueva Jersey, ese instante llevó el número de Enzo Fernández.

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