La España que volvió a divertirse


Hay selecciones que parecen trabajar y selecciones que parecen jugar.

España, en este Mundial, ha vuelto a jugar.

Se nota en la sonrisa de Lamine Yamal después de un regate. En la tranquilidad de Unai Simón para iniciar una jugada. En la forma en que Fabián pide la pelota incluso cuando está rodeado.

Durante mucho tiempo, el recuerdo de la generación dorada pesó demasiado. Cada partido era una comparación incómoda. Esta selección consiguió algo maravilloso: dejó de mirar por el retrovisor.

Argentina tiene a Messi y eso basta para convertir cualquier pronóstico en una aventura peligrosa. Pero España transmite una sensación muy rara en el futbol de élite: la de un grupo que disfruta lo que hace.

Y cuando un equipo disfruta, contagia. A sus jugadores, a sus aficionados y hasta a los neutrales.

Por eso esta España resulta tan seductora. Porque el futbol, además de competir, también debería servir para recordarnos lo divertido que puede ser jugar.

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