Todavía hay entrenadores que creen en la mirada


Javier Aguirre sigue haciendo algo que parece peligrosamente antiguo: mirar a los futbolistas a los ojos.

No para intimidarlos.

Para averiguar si están preparados.

Hay entrenadores que creen que un partido empieza cuando rueda la pelota. Aguirre pertenece a una especie distinta. Para él, el partido empieza mucho antes, cuando un jugador entra al vestidor, cuando responde una pregunta, cuando sostiene la mirada unos segundos más de lo habitual.

Eso no aparece en ningún informe de rendimiento.

Pero cualquiera que haya compartido un vestidor sabe que existen futbolistas que hablan con las piernas... y otros que hablan antes de tocar el balón.

Por eso me hizo gracia toda la discusión de esta semana sobre el horario del México-Inglaterra.

La FIFA discutía tormentas, altitud y protocolos.

Aguirre estaba pensando en otra cosa.

En sus jugadores.

En sus rutinas.

En el cuerpo humano, que es mucho menos obediente que un calendario.

Hay entrenadores que preparan partidos.

Y hay entrenadores que preparan personas para jugar un partido.

No siempre es lo mismo.

Inglaterra llegará con mejores estadísticas, quizá con una plantilla más cara y con futbolistas acostumbrados a las noches grandes de la Premier League.

Pero el Azteca tiene una virtud muy curiosa.

Obliga a todos a ser sinceros.

Cuando falta el aire desaparecen los disfraces.

No puedes fingir que corres.

No puedes aparentar tranquilidad.

No puedes esconder el miedo.

El estadio termina preguntándote quién eres de verdad.

Y sospecho que Aguirre lleva semanas preparando precisamente ese examen.

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Siempre me han gustado los entrenadores que aceptan que el futbol no puede controlarse del todo.

Porque el juego está lleno de accidentes.

Un resbalón.

Un rebote.

Un árbitro.

Una ráfaga de viento.

Lo único que sí puedes controlar es la manera en que reaccionan tus futbolistas cuando todo empieza a salir mal.

Ahí aparece el entrenador.

No en la pizarra.

En la cabeza de los jugadores.

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Quizá México gane.

Quizá pierda.

Eso es el futbol.

Pero tengo la impresión de que Javier Aguirre seguirá haciendo lo mismo cuando el árbitro señale el inicio.

Buscará una mirada.

Porque pertenece a una generación que aprendió una verdad muy sencilla.

Antes de jugar contra el rival, hay que convencer al hombre que llevas dentro.

Y ese partido, el más importante de todos, nunca lo decide una computadora.

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