El Día del Padre, les dimos en la madre: el futbol como el cordón umbilical de la memoria
Hay fechas en el calendario que no le pertenecen a la frialdad de los números, sino a la memoria del corazón. En este país, el tercer domingo de junio nunca ha sido un día cualquiera. Es el Día del Padre. Y en la mitología de los hogares mexicanos, esa celebración no se entiende sin una mesa larga, una botana al centro y la televisión encendida con un partido de fondo. Es un lazo invisible: la pelota como el gran pretexto para abrazar al viejo, para recordar al que ya se fue o para sentarse con los hijos a heredarles la misma bendición —o maldición— de sufrir por una camiseta.
Los grandes momentos de reconciliación de este país con el futbol casi siempre han tenido a un papá al lado. Es una cuestión genética, un recuerdo que se activa cuando rueda el balón en una Copa del Mundo y la fecha patria del calendario familiar coincide con la épica de la cancha.
Para entenderlo, hay que viajar en el tiempo al domingo 15 de junio de 1986. Octavos de final en un Estadio Azteca hirviendo con más de 100,000 almas. Ese día, México jugaba contra Bulgaria buscando el pase a los cuartos de final. Fue la tarde eterna en la que Manuel Negrete suspendió las leyes de la física al minuto 34 para regalarle al mundo aquella tijera impecable que firmó el 1-0. Ya cerca del final, al 81', Raúl Servín selló el 2-0 definitivo. Al silbatazo final, la tribuna del Azteca, contagiada por la algarabía y el ingenio popular, inventó la porra que hoy le da título a esta crónica y que retumbó desde las escalinatas del coloso hasta el Ángel de la Independencia: "¡El Día del Padre, les dimos en la madre!"
Una aclaración necesaria entre tanta testosterona de tribuna: vale decir que esta porra, nacida del ingenio callejero de los ochenta, hoy se lee con otros ojos. El futbol ya no es cosa de un solo género; en las mesas y en las gradas de hoy, las madres, las hijas y las abuelas gritan los goles con la misma o más intensidad. La frase se queda como un registro folclórico de su tiempo, pero la pasión ya es de todas y de todos.
Treinta y dos años después, la historia nos volvió a guiar por el mismo puente de nostalgia. El domingo 17 de junio de 2018, otra vez en el Día del Padre, México sacudió al planeta al vencer históricamente 1-0 a Alemania en el Mundial de Rusia. La vieja frase callejera del 86 cobró una segunda vida en la televisión abierta, recordándonos que las alegrías de nuestro futbol se transmiten de generación en generación, como un apellido o un viejo reloj de pulso.
Al final del día, el futbol de recuerdo nos enseña que la pelota sigue siendo ese maravilloso cordón umbilical que nos une con el viejo. No importa la época ni los nombres en la cancha; cuando coincide el tercer domingo de junio con un partido de Mundial, todos volvemos a ser el niño que se ponía la playera verde solo para sentarse al lado de su padre a soñar con que las cosas iban a salir bien.
#ElOtroLadoDelBalón #DíaDelPadre #HistoriasDeFutbol #México1986 #Rusia2018 #FutbolHumanista #CrónicasDelRecuerdo



Comentarios