Voy a ser papá pero estoy jugando el Mundial


Qué cosas tiene la vida y qué caprichoso es el destino. Precisamente hoy, que en México —y en buena parte del mundo— nos sentamos a celebrar el Día del Padre entre carnes asadas, abrazos y recuerdos, el Mundial 2026 nos pone enfrente una de esas historias que te hacen parar el balón y pensarle un poquito. Una de esas dudas que no se resuelven con el VAR, sino con el corazón en la mano.

Porque al futbolista de hoy se le exige ser un robot. Ganan millones, sí, pero durante un mes el cuerpo y la mente le pertenecen por completo a su selección. Están concentrados bajo llave, como si la vida fuera de la cancha se detuviera mientras rueda la pelota. Pero resulta que la vida no sabe de calendarios de la FIFA, y en plena competencia, a dos jugadores les tocó la llamada más importante de sus vidas: "Ya viene tu hijo en camino".

Ahí nació el dilema. ¿Te quedas a jugar el torneo de tus sueños o te subes a un avión para ver nacer a tu pedazo de carne? Dos futbolistas se toparon con la misma pared y tomaron caminos completamente distintos.

Jérémy Doku: el que mandó todo a volar por un abrazo

El primer caso fue el de Jérémy Doku, el extremo bélgico que desbarata defensas en el Manchester City. El tipo no se lo pensó dos veces: levantó la mano en la concentración de Bélgica, pidió permiso y agarró el primer avión con rumbo a Londres para estar en la sala de partos con su mujer.

¡Para qué quería más! En los medios europeos se armó un debate tremendo. Periodistas del famoso diario L'Équipe en Francia le tiraron durísimo. Dijeron que cómo era posible que dejara tirado a su país en pleno Mundial por ir a cumplir un rol "figurativo" en el parto. Como si el papá fuera un adorno o un mueble viejo en el hospital.

Afortunadamente, la gente en la calle tiene más sentido común que muchos analistas con corbata. La afición defendió con todo a Doku. Entendieron lo obvio: Mundiales hay cada cuatro años y partidos hay miles, pero el primer llanto de tu hijo pasa una sola vez en la vida. El muchacho eligió ser papá antes que estrella de televisión.

Leo Østigård: la vida a través de cinco pulgadas

Del otro lado de la moneda está el noruego Leo Østigård. Un defensa central rudo, de esos de la vieja escuela del deber y el sacrificio. A él le cayó exactamente el mismo dilema en los mismos días, pero tomó la decisión opuesta: decidió quedarse en el hotel con su selección.

Østigård no viajó. Se quedó concentrado y vio nacer a su hijo a través de una videollamada por el celular, pegado a una pantalla de cinco pulgadas en la soledad de su cuarto, mientras abajo sus compañeros repasaban videos del siguiente rival. Dos maneras de entender el compromiso: uno sintió que su deber estaba con la tribu que se jugaba la vida en la cancha; el otro, con la familia que apenas empezaba.

Los papás del siglo XXI

Hoy, que felicitamos a los papás y nos acordamos de los consejos que nos dieron, este debate nos cae como anillo al dedo. Nos hace ver que esos tipos que corren en la televisión no son de plástico.

Esa crítica amarga que le hicieron a Doku es el reflejo de una sociedad medio enferma, que piensa que un hombre solo vale por no faltar al trabajo y que el nacimiento de un hijo es cosa exclusiva de las madres. Ni Østigård es un monstruo desalmado por quedarse a defender los colores de Noruega, ni Doku es un irresponsable por bajarse del barco dos días para cortar el cordón umbilical.

Al final del día, lo bonito de este futbol humanista es que nos recuerda que detrás de los esquemas tácticos, los patrocinadores y los estadios llenos, late un juego que sigue siendo de carne y hueso. Qué mejor día que hoy, domingo de papás, para aplaudirle a los dos: al que viajó por el abrazo y al que se aguantó las ganas desde la distancia. Porque a su manera, cada uno empezó a jugar el partido más difícil y hermoso de su vida: el de ser padre.

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